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SE TRATA DE UN SIMPLE INTENTO... DE AUTOPOIESIS

7 Octubre 2006

AMNESIA INFANTIL: "LO ESENCIAL ES INVISIBLE A LOS OJOS"... Y CAE EN EL OLVIDO

Universidad de la República
Facultad de Psicología


Segundo Ciclo: Curso de Introducción al Psicoanálisis
Seminario de Profundización: días miércoles de 10:30 a 12:00 hs.
Docente: Nelly Rodríguez


Nota reflexiva:


Amnesia Infantil:
“Lo esencial es invisible a los ojos”… y cae en el olvido.



María Eugenia Viñar Martínez

Octubre de 2006

INTRODUCCIÓN.
“Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona grande. Tengo una seria excusa: esta persona grande es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otra excusa: esta persona grande vive en Francia, donde tiene hambre y frío. Tiene verdadera necesidad de consuelo. Si todas estas excusas no fueran suficientes, quiero dedicar este libro al niño que esta persona grande fue en otro tiempo. Todas las personas grandes han sido niños antes. (Pero pocas lo recuerdan.)” Dice Antoine de Saint-Exupéry en la dedicatoria de su famoso libro “El Principito”
También yo quiero excusarme por citar, en el curso de esta nota reflexiva (incluyendo el título de la misma), varias frases de este libro. Quienes lo conocen, seguramente saben apreciar la magia que contiene y el gran misterio con que tiñe al universo. Al igual que con esta obra, me conmuevo (y siempre me he inquietado) frente al gran velo que cubre la mayor parte de las vivencias de la infancia, aproximadamente hasta los seis u ocho años de vida. Esta es la razón por la que quiero referirme a la amnesia infantil en este trabajo.
El término ya existía antes de que Freud lo utilizara, pero él encuentra en ella “algo distinto al efecto de una incapacidad funcional que tendría el niño pequeño para registrar sus impresiones” , según lo plantean Laplanche y Pontalis en la definición que de ella dan.
Es decir que un hombre no sólo vive en un país, en un mundo, que excede sus capacidades de comprensión y donde mucho más que el hambre y el frío lo asechan. De todos los duelos que ha transitado para llegar a la adultez, el peor y el más imperecedero es la laguna en su memoria que cubre los primeros años de vida (y que también excede sus capacidades de comprensión), de los que sólo recibe formaciones oníricas aisladas. Sólo muy pocos recuerdos escapan de este olvido. Entonces cabe preguntarse: ¿Qué es lo que se olvida? ¿Por qué?
Es sabido que Freud llegó a postular la sexualidad infantil, que el adulto ha olvidado, a través del tratamiento de lo que él llama “psiconeurosis” y, más específicamente, de la histeria. ¿Cuál es la relación que éstas tienen con la amnesia infantil?
Sé que plantearme como objetivo responder de manera profunda y acabada todas estas preguntas sería demasiado ambicioso de mi parte, pues soy conciente de que hacerlo implicaría ahondar en varias teorizaciones bastante abstrusas. Por eso mi intención es hacer una suerte de síntesis (apretada e incompleta) de algunas de ellas, y siempre relacionarlas con el eje principal que ha sido planteado en párrafos anteriores.


DESARROLLO.


Aquello que es mejor olvidar.
La amnesia infantil, según continúa la definición en el Diccionario de Psicoanálisis, “es el resultado de la represión que afecta a la sexualidad infantil y se extiende a la casi totalidad de los acontecimientos de la infancia.” Esta explicación fue muy controversial en la época en que Freud la proporcionó, pues lo esencial de la actividad del infante era invisible a los ojos científicos de entonces. Siempre que se notaban prácticas explícitamente sexuales de forma temprana en la infancia, se describían como excepciones a la regla que dictaba la pureza de los niños, lo que mantenía a los científicos con los ojos vendados. Un hilo fundamental de esa venda era (y es) la resistencia del adulto a traer a la conciencia lo ocurrido en la infancia. Otro era el hecho de asimilar sexualidad con genitalidad y con reproducción, cualquiera de cuyos términos excluía a los pequeños de toda práctica de carácter sexual. Pero esta exclusión no es pertinente si aceptamos la existencia de una organización sexual previa a la genital, la pregenital, en la que las pulsiones parciales no están sometidas al dominio de la genitalidad. El desarrollo libidinal lleva al tránsito de varias fases, con primacía de diferentes zonas erógenas y predominio de distintos modos de relacionamiento de objeto. A diferencia de lo que ocurre en la perversión, en la que también aparece la preponderancia de una pulsión parcial, la sexualidad infantil carece de centramiento puesto que cada pulsión parcial busca anárquicamente la ganancia de placer. Es por esta razón que el niño fue caracterizado como “perverso polimorfo”.
Las pulsiones parciales tienen como meta el placer de órgano, no incluyendo los genitales, al menos al principio. La primera fase es la oral, en la que la energía sexual nace apuntalada a la nutrición (por ende, unida a las pulsiones de autoconservación), tiene como zona erógena la mucosa bucal y los labios. Una de las principales prácticas de esta edad es el chupeteo, en el que se fantasea con el placer de mamar. La fase anal se da entre el segundo y el cuarto año de edad y se caracteriza por la organización libidinal bajo primacía de la zona erógena anal. La función de defecación (con la expulsión como polo pasivo y la retención como activo) y el valor que el niño da a las heces, como el regalo que ofrece o no según la situación, impregna la relación de objeto. Posteriormente Freud agrega la fase fálica entre la fase anal y el período de latencia y lo genital pasa a un primer plano, sobre todo el tener o no tener genitales masculinos (la oposición de los sexos equivale a fálico-castrado). En esta fase se unifican las pulsiones parciales pero sólo se concibe la existencia del pene. Se da el complejo de castración: el niño teme perder su pene (sobre todo al recordar las amenazas proferidas por los padres para evitar que se frotara, ya que no es raro que la masturbación comience hacia los tres años, en ambos sexos). Freud se contenta con decir que la niña tiene envidia del pene tan grande y visible del niño, pues su clítoris sería como un pene mucho más pequeño y menos valorado. Aunque más tarde reconocerá que la feminidad es inaccesible a su comprensión.
El complejo de Edipo tiene su apogeo en la fase fálica (entre los tres y los cinco años). Su forma completa supone las llamadas complejo de Edipo positivo y negativo. El primero supone que el infante tiene sentimientos hostiles hacia el progenitor de su mismo sexo y deseos sexuales hacia el del sexo opuesto al suyo. En la forma negativa ocurre a la inversa: se desea la muerte al del sexo opuesto y el objeto sexual es el de su mismo sexo. Sólo lo pre-edípico diferiría en la niña, pues ella, a pesar del estrecho vínculo generado con su madre en los primeros años de vida, debe cambiar de objeto de amor y elegir a su padre en lo que a la forma positiva del complejo se refiere. Sin embargo, Freud sostiene (en Tres ensayos de teoría sexual) que la elección de objeto no se da plenamente hasta la pubertad, con la reedición edípica. Es decir que la sexualidad infantil es esencialmente autoerótica.
Todas las exteriorizaciones de lo que someramente he reseñado son plausibles de ser olvidadas y son de índole sexual. Ahora, ¿por qué tenemos tan pocos e inexactos recuerdos de la niñez? ¿Acaso todo está tan ligado a la sexualidad que prácticamente nada puede ser desestimado por la represión y escapar, así, de la amnesia infantil? Cuando los críticos le hacen este tipo de preguntas, con la intención de acusarlo de ser pansexualista, Freud responde que su teoría es dualista pues existen fuerzas pulsionales no sexuales, las de autoconservación o yoicas. Según Laplanche, esta respuesta señala que no todo se explica sólo por la sexualidad. En este sentido, el mismo autor plantea que “la sexualidad no es todo (…) pero está presente en todos los niveles del ámbito psicoanalítico. Está en todas partes, y con esto quiero decir que desde el principio al fin de la obra freudiana se plantea a la sexualidad como lo reprimido fundamental, incluso como lo único que se reprime” . A partir de esto, y a juzgar por lo poco que es cotidianamente recordado de los primeros años de vida, la mayor parte de lo vivido en ese período se relaciona, en mayor o menor medida, con la sexualidad y por eso se destierra al sistema inconsciente.


Cuando lo esencial cae en el olvido.
“El campo cubierto por la amnesia infantil tendría su límite temporal en la declinación del complejo de Edipo y la entrada en el período de latencia.” Más allá de que ya haya actuado la represión en momentos anteriores, es en estos tiempos, a los seis u ocho años de edad, cuando ocurre una gran oleada represiva. Se construyen los diques psíquicos (vergüenza, asco y moral) que son formaciones reactivas, negociaciones entre el deseo y la defensa (que reacciona contra éste) que, al beneficiar mayormente a la última, se expresan en actitudes o hábitos psicológicos radicalmente contrarios al deseo reprimido. Estas formaciones se valen de la energía sexual que ha sido desviada para otros usos por ser, de lo contrario, mociones sexuales irrealizables, porque aún no se está apto para la reproducción, y perversas, por lo que en esta etapa suscitarían displacer. Freud incluye, en “Tres ensayos de teoría sexual”, a estas formaciones en el mecanismo de sublimación, aunque aclara que en realidad suele tratarse de dos mecanismos separados. Además, la sublimación no es alcanzada por todos los seres humanos y es considerada el destino de pulsión superior, cuyos resultados (literarios, plásticos, teatrales, etc.) son muy apreciados socialmente.
“Las personas grandes me aconsejaron que dejara a un lado los dibujos de serpientes boas abiertas o cerradas y que me interesara un poco más en la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. Así fue como, a la edad de seis años…” Efectivamente, es con la entrada a la escuela y/o durante los primeros años de la etapa escolar que, generalmente, la actividad y la ebullición sexual del niño se ven disminuidas para permitirle mayor apaciguamiento a la hora de aprender. Y como “toda cultura debe edificarse sobre (…) una renuncia de lo pulsional” , es lógico que este fenómeno sea propiciado, aunque no causado exclusivamente, por la cultura y la educación mismas.


Recuerdos que cubren la esencia.
“Mi dibujo no representaba un sombrero. Representaba una serpiente boa que digería un elefante. Dibujé entonces el interior de la serpiente boa a fin de que las personas grandes pudiesen comprender. Siempre necesitan explicaciones.” Y los niños también las necesitan, porque en la fase anal aparecen con fuerza las pulsiones de saber y de ver, que no son satisfechas por las incompletas respuestas adultas. Esto conlleva a la investigación sexual, que comienza en el tercer año de vida, y a la formulación de falsas teorías sexuales. Por ejemplo, lo primero que buscan saber es de dónde vienen los bebés y suelen pensar que se producen en el intestino. Esa teoría es dejada de lado al menguar los intereses anales y pasa a ser el ombligo, u otra zona del cuerpo, el lugar por donde nacerían los bebés. Estas nuevas versiones “se enuncian de manera expresa y luego se las recuerda también concientemente; ya no contienen nada chocante” , pero todas las teorías anteriores suelen ser víctimas de la amnesia infantil. De ser concientes, seguramente suscitarían asco y vergüenza.
Por otra parte, la mayor parte de los recuerdos que, espaciados e insignificantes, se conservan, no responden a vivencias importantes. Se trata de “recuerdos encubridores” que reemplazan a éstas por nimiedades, sirviéndose del mecanismo de desplazamiento, que hace posible que el monto de afecto de aquellas representaciones se una a otras, más aceptables por la conciencia. Estos recuerdos siempre son plásticos, visuales. Del hecho que en los recuerdos más tempranos generalmente el adulto se ve a sí mismo (cuando pequeño) en la escena, Freud deduce que de ellos “no poseemos la huella real y efectiva, sino una elaboración posterior de ella, una elaboración que acaso experimentó los influjos de múltiples poderes psíquicos posteriores.”
Asimismo, los recuerdos importantes de la infancia suelen volver en sueños, aunque también disfrazados por el desplazamiento y la condensación, típicos del proceso primario.


Amnesia infantil y su relación con las neurosis.
Sabemos que, a pesar de no recordarlas en su totalidad, las huellas que marcan nuestro desarrollo afectivo-sexual serán determinantes de nuestra vida anímica posterior. Freud escribe a Fliess, en la carta 84: “lo que en la época prehistórica es visto, da por resultado el sueño; lo que es oído, las fantasías; y lo que en ella es vivenciado sexualmente, las psiconeurosis. La repetición de lo vivenciado sería en sí y por sí un cumplimiento de deseo.”
Las psiconeurosis que Freud llama de transferencia (siendo la histeria y la neurosis obsesiva sus exponentes más conocidos), tienen como uno de sus causantes, que debe ser sumado a otros para producirlas, una regresión. Ésta, a su vez, sólo puede darse de haberse producido una fijación de la libido en alguna de las fases ya reseñadas. Se puede dar un retroceso a los primeros objetos investidos, objetos incestuosos, o de toda la organización sexual a estadios anteriores. En la neurosis obsesiva, en la que hay una regresión al estadio sádico-anal, también se da la regresión en cuanto al objeto. Sólo este último tipo de regresión se da en la histeria. Es decir que aquello deseado que la amnesia infantil ha ocultado, es lo que vuelve a desearse, a modo de repetición. En las neurosis, la regresión sería el factor predisponente, que sumado a la frustración, como factor accidental, formaría las llamadas series complementarias (cuanto mayor es un factor, menor es el influjo necesario del otro para causar la neurosis).
Otro causante, según expone Freud en la 22ª conferencia de introducción al psicoanálisis, es el conflicto entre las pulsiones yoicas y las sexuales, que son mucho más difíciles de domeñar que las primeras. “La inclinación al conflicto, proveniente del desarrollo del yo, (…) ha rechazado esas mociones libidinales” que, fijadas, empujan a estas neurosis en dirección de aquel objeto. No se tuvo noticia de ello hasta que se manifestó esta patología y, aún en ella, lo esencial de su mensaje, es invisible a los ojos. Se trata de síntomas repletos de simbología, relacionada tanto con huellas de vivencias reprimidas (algunas ocultas tras la amnesia infantil y otras, posteriores, bajo la amnesia histérica, en el caso de la histeria) como por otras, concientes, que se encuentran encadenadas a ellas.
Podría establecerse una paralelismo entre síntoma y recuerdo encubridor, pues en ambos ocurre que el monto de afecto es separado de la representación original, al tiempo de que esta fuera reprimida por estar en estrecha relación con lo sexual infantil, que es penoso para el sistema conciente adulto. Por otra parte, así como se pueden interpretar los síntomas para vencer la resistencia y abolir la amnesia histérica, también se llegará a las huellas mnémicas veladas por la amnesia infantil a partir de un análisis trabajoso de los recuerdos encubridores.
“Necesité mucho tiempo para comprender de dónde venía. El principito, que me acosaba a preguntas (…) Y sólo por palabras pronunciadas al azar pude, poco a poco, enterarme de todo.”


CONCLUSIÓN.
La amnesia infantil es un punto que Freud ha tocado en varias partes de su obra, por lo que, se podría relacionar con una enormidad de otros puntos. He tratado los que más me interesaron.
Creo que la lectura sobre sexualidad y, principalmente, sobre el desarrollo de la libido, me llevó a comprender mejor porqué sobreviene la amnesia infantil y lo que nos hace olvidar, aunque la síntesis que me vi obligada a realizar quizás no logre demostrarlo totalmente.
Por otra parte, tomé conocimiento de la existencia de recuerdos encubridores, encadenados a los importantes, lo que ignoraba por defecto de este tipo de recuerdos de mi propia infancia.
Con respecto a la relación entre amnesia infantil y amnesia histérica, se pone de manifiesto que tanto la amnesia histérica como la infantil son causadas por la represión, siendo la última de ellas condición para las represiones posteriores y, fundamentalmente, para la amnesia histérica.
Podría decirse mucho más sobre este tema, sobre todo si se tomaran aportes de autores post-freudianos (lo cual era mi intención, pero debí desertar ante la extensión que, solamente partiendo de la obra de Freud, comenzó a tener esta nota). Pero hay que saber aceptar que es imposible saberlo todo, como lo hace el aviador que, en el final, al mirar la inmensidad del universo se pregunta si el cordero se habrá comido a la flor.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:


Freud, S. (1898). Carta 84. En: Freud, S. Obras Completas Tomo I. (pp.316). Buenos Aires: Amorrortu Editores


Freud, S. (1901). Recuerdos de infancia y recuerdos encubridores. En: Freud, S. Obras Completas Tomo VI. (pp.48-56). Buenos Aires: Amorrortu Editores


Freud, S. (1905). Tres ensayos de teoría sexual Ensayo II. En: Freud, S. Obras Completas Tomo VII. (pp.157-188). Buenos Aires: Amorrortu Editores


Freud, S. (1908). Sobre las teorías sexuales infantiles. En: Freud, S. Obras Completas Tomo IX. (pp.183-202). Buenos Aires: Amorrortu Editores


Freud, S. (1915-1916). 13ª Conferencia: Rasgos arcaicos e infantilismo del sueño. En: Freud, S. Obras Completas Tomo XV. (pp.182-194). Buenos Aires: Amorrortu Editores


Freud, S. (1916-1917). 20ª Conferencia: La vida sexual de los seres humanos. En: Freud, S. Obras Completas Tomo XVI. (pp.277-290). Buenos Aires: Amorrortu Editores


Freud, S. (1916-1917). 21ª Conferencia: Desarrollo libidinal y organizaciones sexuales. En: Freud, S. Obras Completas Tomo XVI. (pp.292-308). Buenos Aires: Amorrortu Editores


Freud, S. (1916-1917). 22ª Conferencia: Algunas perspectivas sobre el desarrollo y la regresión. Etiología. En: Freud, S. Obras Completas Tomo XVI. (pp.309-325). Buenos Aires: Amorrortu Editores


Freud, S. (1927). El porvenir de una ilusión. En: Freud, S. Obras Completas Tomo XXI. (pp.1-55). Buenos Aires: Amorrortu Editores


Laplanche, J., Pontalis, J.B. (1971). Diccionario de Psicoanálisis. Barcelona: Labor S.A.


Laplanche, J. (1980). Cap I: Introducción a la historia y a la problemática de la sexualidad. En: Laplanche, J. La sexualidad. (pp. 7-38). Buenos Aires: Nueva Visión

OBRA LITERARIA:


de Saint-Exupéry, A. (1946). El Principito. Buenos Aires: Emecé

(ilustración del mismo autor).

TODAS LAS CITAS CONSTAN DE NOTA AL PIE EN EL ORIGINAL, PERO NO SÉ CÓMO HACERLAS CONSTATAR AQUÍ.

servido por autopoiesis 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

spike_mandrake

spike_mandrake dijo

Es un tema interesante, ciertamente. Lamento no haber captado todas las implicaciones del texto, debido a que mi nivel en estos temas es basicamente nulo.
¡Espero que te dieren buena nota!

8 Octubre 2006 | 04:37 PM

Jani

Jani dijo

Hola, estoy haciendo un trabajo sobre la sexualidad infantil y la verdad es que me está costando bastante. Si pudieras aportarme cualquier tipo de ayuda ponte en contacto conmigo, aunque solamente sea para hablar. Te lo agradeceria..

5 Noviembre 2006 | 09:35 PM

gus

gus dijo

me encanto que citaras a El Principito, a mis 17 aun me encanta ese libro, tiene muchos detalles que casi nunca se ven al ser niño y que a un adulto le resultan infantiles

gran articulo

15 Diciembre 2008 | 03:33 AM

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soy un conjunto de meses, días, segundos; que no se repiten, pero a veces tampoco cambian. Soy una inseguridad con piernas (no muy atractivas, por cierto)... y he dejado un trozo de mi alma al desnudo, pero prefiero no dar explicaciones

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