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La Coctelera

no busquen poesía en esto

SE TRATA DE UN SIMPLE INTENTO... DE AUTOPOIESIS

2 Agosto 2006

“Vida Cotidiana: Risas, Pizza y Grappa miel"

Universidad de la república.
Facultad de Psicología.


Introducción a la Psicología Social.

Integrantes sub-grupo:
Favretto, Carlos. Larriera, Micaela. Porley, Juan. Sosa, Ana Laura. Viñar, María.

Observación de campo.
El día miércoles 31 de mayo de 2006, a la hora 20:25 nos encontramos en el bar “La Tortuguita”, situado en la esquina de Tristán Narvaja y Mercedes. Luego de acordar la forma de registro, a saber: uno por persona, nos abocamos a la tarea.
En el bar se encuentran alrededor de veinticinco personas, incluyendo dos mozos, aproximadamente cuatro o cinco personas atrás de la barra cumpliendo diferentes tareas – lavando, cocinando, atendiendo la caja, entre otras-, clientes de pie recostados en la barra tomando bebidas alcohólicas y las demás sentadas distribuidas de diversa forma en seis mesas: cinco muchachas en la mesa que nos es más lejana, contra una ventana que da a la calle Mercedes, a la derecha de la puerta principal del local – esquina de Tristán Narvaja y Mercedes- ; dos mesas con dos mujeres cada una, una de éstas se encuentra sobre la pared, a la izquierda de la puerta que da a Tristán Narvaja y la otra a la izquierda de la puerta principal del local; en el centro, dos hombres; en la mesa sobre una de las ventanas que da a Tristán Narvaja, a la derecha de la puerta de Tristán Narvaja, una pareja de jóvenes y nosotros que somos cinco y nos encontramos sentados en una mesa ubicada sobre una ventana, a la izquierda de la puerta de Tristán Narvaja.
Ni bien nos instalamos se nos acerca uno de los mozos y nos ofrece la carta, pedimos un café, tres grapa miel y una porción de pizza. El ambiente es cálido, hay una temperatura agradable.
Por una de las ventanas que da a Tristán Narvaja se ven seis autos estacionados, una camioneta, vehículos transitando y frenando por el semáforo, la mayoría de los cuales van hacia Mercedes, menos se dirigen hacia 18 de Julio y la minoría dobla hacia Mercedes. Transitan taxis – la mayoría vacíos-, bicicletas, motos, camionetas comerciales, de publicidad, un coche escuela, ómnibus – por la calle Mercedes- , unos llenos y otros vacíos.
Un hombre y una mujer, él con traje, ella con un saco largo de color negro, charlan cinco minutos aproximadamente apoyados en un coche que está estacionado y finalmente suben al mismo y se van. Otro hombre, también de traje, se va en la camioneta estacionada y aproximadamente 15 minutos más tarde se estaciona un auto en ese mismo lugar y baja del mismo otro hombre, éste vestido informal. Más tarde otro sube a otro de los vehículos estacionados, se encuentra con ropa formal: un traje azul, habla por celular y lleva una caja. Posteriormente un taxi frena y bajan del mismo una mujer y un niño, ambos abrigados y vestidos informalmente.
Entre los autos que transitan, quienes lo manejan en su mayoría son hombres y adultos medios. Por el contrario, quienes utilizan la bicicleta como medio de transporte son todos jóvenes.
Se ven las hojas de los árboles caídas, éstos por tanto sin ellas, papeles, residuos, el local del “Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros”, “La Favorita”, un local de libros, el bar “Maipo”, todos cerrados.
Pasan mujeres, hombres, niños, niñas y jóvenes. Algunos caminan juntos, otros solos. Ente los que caminan solos encontramos: mujeres, hombres, jóvenes de sexo femenino y masculino. Entre las personas que van acompañadas: muchachos y muchachas, mujeres y niños, hombres y mujeres, muchos jóvenes, hombres, mujeres, etc.
Están todos abrigados: camperas, sacos, bufandas, guantes. Los sacos, camperas y guantes son en su mayoría de colores oscuros y las bufandas, por el contrario, son mayoritariamente de colores vivos. Muchos pasan haciendo uso de los celulares. Todos llevan consigo mochilas, bolsos, carteras, papeles, bolsas, morrales, cuadernos. Muchos tienen lentes. Algunos transitan charlando, riendo, otros serios. La mayoría son jóvenes, pero transitan personas de todas las edades. Se ve también, por Mercedes, mucha gente concentrada por la parada de ómnibus y algunos de quienes vemos pasar por la ventana que da a Tristán Narvaja se dirigen justamente hacia allí.
Paralelamente, dentro del local una compañera observa que en las mesas hay servilleteros negros, algunos de la marca Blenders y otros de Macpay. Se detiene en nuestra mesa y observa el orégano, el cual está dispuesto en un plato chico de color verde y por debajo de éste una servilleta blanca y un plato más grande también de color blanco.
En la superficie superior hay tubos de luz, algunos rotos, y dos televisores prendidos. Al lado de uno de los televisores hay un cartel que dice: “BAR LA TORTUGUITA PIZZERÍA” como título, y por debajo la lista de productos ofrecidos, como por ejemplo: pizza, pizza rellena, panchos, fainá, sandwiches. Por debajo de este cartel hay un reloj y a la izquierda de éste propagandas de whiskis, un cartel de prohibido fumar y una gran botella de Pilsen filtrada en un cartel de un metro y medio aproximadamente. Hay una columna en el medio del bar que sostiene un teléfono público de tarjeta y promociones varias. Hay también plantas, desconociéndose si son naturales o artificiales, y arriba de la caja de cobros están dispuestos de forma ordenada las diferentes marcas de cigarrillos.
Sobre la pared de la barra hay una estantería llena de bebidas alcohólicas, entre las que encontramos: whisky, grapa, grapamiel, etc. Detrás de ella hay un empleado que lava vasos mientas mira hacia otro lado. Luego se seca, mira a todas las mesas y luego para afuera mientras seca el fogón. Toma una botella y un contenedor y se va a hacer algo fuera de nuestro campo de visión. Vuelve y pone la botella en su lugar, lava el contenedor. Está constantemente mirando hacia la caja o hacia fuera. Toma dos vasos y se para en un rincón, se queda un rato mirando la televisión y rascándose la cabeza con una cierta periodicidad.
Los mozos están vestidos con un traje negro – pantalón y chaleco-, camisa blanca y una moña negra en el cuello. Uno de ellos, el que nos atendió nos mira, le señala algo al empleado antes mencionado y cuchichean. Luego el mozo lleva pimienta a la mesa del centro, donde uno de los clientes está vestido con una camisa violeta que a varios de nosotros llama la atención. Llega un muchacho que le pregunta al mozo dónde está el baño, éste le señala con el dedo y el muchacho se dirige hacia ahí. El mozo mira la televisión, nuestra mesa y las demás, mientras se apoya en la barra. El muchacho sale del baño, saluda al mozo y se va, éste último mira la caja y realiza una mirada periférica por el local.
A las 20:43 comienza, proveniente de dos parlantes ubicados cerca de la barra, a sonar una canción de Phill Collins, percatándonos todos de ello. Más tarde, se escucha una canción italiana que recuerda el mundial de Italia noventa, mientras en el televisor el informativo muestra imágenes de Kessman intercaladas con imágenes de partidos de fútbol.
En la mesa que se encuentra más alejada a las nuestra las chicas toman cerveza y conversan en voz alta. En determinado momento se ríen fuertemente, lo que llama la atención de todos los presentes. En la mesa sobre la ventana, a la derecha de la puerta que da a Tristán Narvaja, los jóvenes toman cerveza y estudian el test de Rorschach. Abandonan, luego, el estudio para conversar. En la mesa que está ubicada a la izquierda de la puerta principal las dos mujeres toman cerveza y comen pizza mientras charlan en voz baja. Desde la otra mesa ocupada por dos chicas se escucha un comentario sobre “una fantasía inconsciente” seguido de risas; estas chicas también comen pizza y toman cerveza. En la mesa del centro dos señores, los cuales se encuentran charlando con voces roncas y fuertes, comen pizza y toman una medida de whisky cada uno.
Se oyen risas, alguien aclarándose la garganta, voces pidiendo comida. Los mozos atienden sus mesas, miran la televisión, charlan, y uno de ellos nos mira. Uno de los hombres de la mesa del centro se levanta al baño, vuelve y luego se retiran los dos. En la barra los clientes y los empleados charlan y trabajan. En un momento el mozo que nos atendió nos hace una seña, como diciéndonos que escribimos muy rápido.
Finalmente lo llamamos, nos trae la cuenta, la pagamos y nos retiramos, culminando así nuestra observación.

Análisis individual: María Viñar.

¿Cómo empezar?
¿Con el pie derecho? Es curioso que, en la vida cotidiana, queramos comenzar el día pisando con el pie del lado que, históricamente, ha representado la fortaleza, lo tradicional, lo recto, lo justo, la razón y es igualmente interesante entender a qué familia de palabras pertenece la palabra “destreza”, e incluso que existen expresiones que refieren a esto mismo: por ejemplo, en francés, mal à droit significa “torpe”. No debemos, en ese intento de desnaturalización de lo naturalizado que constituye a la Psicología Social, dejar de tener en cuenta que se trata de construcciones sociales, históricas, culturales y que, detrás de ellas, se esconde la tendencia a creer que lo diferente no alcanza los estándares, que no es bueno. ¿Qué hubiera pasado si a la derecha se le hubiera llamado, desde un principio, izquierda? ¿Viviríamos hoy en el “Reino del revés” que Ma. Elena Walsh alguna vez fantaseó? Leyendo a von Foerster estamos más cerca de pensar que sí, puesto que él plantea que “el mundo es una imagen del lenguaje. El lenguaje viene primero, el mundo es una consecuencia de él.” Y, ¿qué hay del “arriba” y el “abajo”? A muchos nos gusta pensar que no vivimos en el mundo que aparece en los planisferios, sino en el representado por Torres García, donde el sur está arriba. Sin embargo, he llegado a comprender que ese pensamiento responde a la misma lógica que alza a Norteamérica y Europa no solamente en el mapa, es decir, la de creer que “arriba” es mejor que “abajo” cuando, quizás, deberíamos pensar que es diferente y que esas categorías dicotómicas simplemente nos sirven, como convenciones, para orientarnos. Tomándolas de esa forma, pusimos las palabras “derecha” e “izquierda” a nuestro servicio a la hora de relatar nuestra observación.
Quisiera emprender (o continuar) estas líneas, también con el pie izquierdo, que ha representado la creatividad, la debilidad, las emociones. ¿Por qué hacer eso? Porque caminamos por la vida con los dos pies y, a la hora de observar la vida cotidiana, sentimos que nos atraviesa, que nos implica en tanto sujetos porque “Vida cotidiana es la forma de desenvolvimiento que adquiere día tras día nuestra historia individual. (...) Pero a la vez ese mundo es intersubjetivo, social, compartido (...) 'mi mundo' es un mundo que vivo con otros.” Juan Carlos Carrasco, en “Psicología Crítica y Exilio”, plantea que Cotidianeidad, Identidad e Ideología coinciden si nos referimos al ámbito de la persona, y afirma: “Identidad y Cotidianeidad apuntan al mismo significado (…) porque creemos que la identidad no es un fenómeno individual sino colectivo.” La identidad, según él, es la perspectiva psicológica de la cotidianeidad, y ésta es el marco de nuestra existencia. En otros textos se conceptualiza a la vida cotidiana como “el conjunto innumerable y heterogéneo de prácticas en las que transcurre la vida de los sujetos; el escenario de producción de sujetos y por sobre todas las cosas, de producción de subjetividad.” Nosotros (Ana Laura, Carlos, Juan, Micaela y yo) nos sabemos practicando estas prácticas, y viviendo “en un mundo en que las 4 realidades interactúan con dosis variables de influencia en al vida cotidiana.” Este es un mundo que nos produce y, a su vez, producimos. Sabemos que nuestros dos pies nos llevan por ese escenario inmediato y que, al transitarlo, vamos dejando huellas. Por esta razón, no sólo observamos sino que formamos parte, no sólo registramos sino que también sentimos y afectamos. Esto me lleva a caminar “Hacia una política de los encuentros” y pensar en la ética spinoziana, según la cual “en la capacidad de afectar y ser afectados aumenta la potencia de nuestra naturaleza, para poder pensar e imaginar y enunciar lo no pensado, lo no imaginarizado, lo no enunciado.” Por otro lado, me impulsa a considerarnos como parte del campo, de ese campo que es paisaje urbano, y entonces creo (en) un nuevo campo. Es decir que creo (supongo, juzgo, sostengo, opino) que en ese “aquí y ahora” los encuentros múltiples y encontrados, incluido el encuentro observadores-observados (roles que se funden e intercambian), crean (fundan, producen, organizan - o desorganizan) una nueva trama, una nueva escena de la vida cotidiana.
En este sentido, tanto la risa potente de un grupo de chicas a las que observamos como la presencia de nuestros cuadernos y lapiceras dispuestos a “registrar todo” provocan la mirada curiosa de los presentes en el bar, sean clientes o trabajadores (así como a mi me llamó la atención la intensidad del color de la camisa de uno de los señores sentados en la mesa del centro). Pero las acciones de esas chicas y nuestra actividad (así como una camisa de un color “no muy habitual”) eran, en ese momento, parte de la vida cotidiana, del encuentro de encuentros que se daba ahí y entonces, a pesar de que “Habitualmente tomamos lo cotidiano como (…) la rutina diaria, lo ordinario, lo que sigue un determinado orden y por lo tanto es previsible” . Lo que intento mostrar es que, aunque la vida concretizada en los encuentros nos sorprende diariamente, nos cuesta muchísimo comprender a la vida cotidiana como más que la rutina, como un continuo de tradición y novedad, de hábitos y azar, como construcción socio-histórica.
Con todo, lo que nadie parece notar es el reloj en la pared. Mejor dicho, no notamos lo que éste, como una especie de materialización del tiempo dividido artificialmente en partes casi imperceptibles y como símbolo del ordenamiento de las prácticas que, a partir del surgimiento de la sociedad industrial, imprimió en nuestro imaginario “la rutina” como sinónimo de “lo cotidiano”, podría implicar. Una acción tan “natural” como mirarlo no nos guía hacia una reflexión o problematización porque, en esta realidad tan inmediata y palpable que es la vida cotidiana, “Los hechos se aceptan como partes de un todo conocido, autoevidente, como lo que 'simplemente es'.” El reloj, ese que marca las horas (los minutos, los segundos) de trabajo y de recreo en las fábricas (en las escuelas, en los hospitales), está en la pared de un lugar a donde las personas suelen ir a distraerse y comer, y se repite en muchas de las muñecas de quienes se encuentran allí (distrayéndose y comiendo), pero seguramente también en las muñecas de muchos de los que se encuentran en la calle o en la facultad o en sus casas (donde seguramente habrá una pared -por lo menos- coronada con un reloj -otra vez, por lo menos) o en el cine o en el trabajo o... o… e interminables “o”. Al mirar la posición de sus agujas podemos decir a qué hora empezamos a escuchar a Phill Collins, cuánto tiempo llevamos registrando lo que observamos, cuánto la pareja de estudiantes estudiando, cuánto las chicas pasándola bien entre amigas, cuánto los mozos y demás empleados trabajando, y cuánto tiempo nos queda para volver al trabajo, al estudio, o al descanso que permitirá mañana volver al trabajo o al estudio. Así, vemos que el hábito tan actual e instituido de administrar las veinticuatro horas del día imprimiendo, a fuerza de estrés, nuestras actividades en los renglones de la agenda se apropian hasta de los espacios para la risa y el disfrute. El reloj se eleva ante nosotros, como la torre central en la arquitectura del Panóptico de Bentham, para recordarnos ya no solamente qué debemos y qué no debemos hacer porque estamos siendo observados; sino también cuánto de esto podemos hacer para que nos de el tiempo (alguna de sus simuladas unidades) para hacer tanto de lo otro mientras nosotros mismos nos miramos, pues hoy más que nunca la disciplina forma parte de nosotros.
Esto responde a la lógica del consumo (nombre más moderno para “ambición” según Bayce ) que “es el nuevo modo de disciplinamiento social, aun para los que no pueden consumir. El consumo, como nuevo eje de la individuación, hace necesario el control de los deseos.” Considero que, así, el trabajo se convierte en un elemento central de la vida y de la vida cotidiana. En particular, vemos que mientras “La Tortuguita” es un lugar de encuentro para el goce de clientes, también es el lugar de trabajo de quienes los atienen. El trabajo nos permite acceder a diferentes niveles de consumo, pero paralelo a él se encuentra el acotamiento de nuestros momentos de placer. Este fenómeno se encuentra tras el velo que la vida cotidiana, a causa de esa carencia de cuestionamiento y de ese rótulo de “lo real por excelencia”, le proporciona. “Este encubrimiento y distorsión se da a través de un mecanismo peculiar, característico de la ideología dominante, por el que se 'naturaliza' lo social, se universaliza lo particular y se atemporaliza lo que es histórico.” La creencia de que vivimos en un mundo que, al estilo de máquina newtoniana, sigue leyes universales y eternas nos aleja de las posibilidades de transformarlo. Entonces nos convencemos de que “siempre fue así” y de que “es lo que hay, valor”.
Y lo que hay, volviendo a pisar con los dos pies “La Tortuguita” aquel miércoles de noche, es una televisión encendida, que atrae la atención de varias personas en el local. También la radio comienza a sonar en determinado momento. Tener presente estos objetos me lleva a recordar las ya mencionadas “cuatro realidades” planteadas por Rafael Bayce, cuya idea central gira en torno al papel de los medios masivos en la construcción de las mismas. No podemos negar que el aparato de televisión y el equipo de música son objetos que constan de existencia material-concreta, pero esta existencia está atada a la de su realidad ideal-simbólica puesto que la primera “es sensopercibida por alguien y sólo lo es con sentido, significado, instrumental, emocional, valorativo.” Al ver a uno de los mozos y al empleado de atrás de la barra mirando la televisión, pensamos que, quizás, quieren distraerse para que su tiempo de trabajo pase más rápido o sea más ameno, o que quieren informarse de “cómo está el mundo”. Sin embargo, ese mundo que se ve por la pantalla no es “el” mundo porque pasó primeramente por el filtro de los criterios para aumentar el rating, generar publicidad comercial y mantener la atención de la audiencia. Por ejemplo, desde hace semanas, a causa del mundial de fútbol, el mundo mostrado por los informativos se ha convertido más que nada en comentarios sobre ese deporte y en publicidades de programas creados para cubrir el evento, cuestiones que estuvieron presentes mientras observábamos lo que ocurría en el bar y pizzería.
Por otro lado, la hiperrealidad aparece con la construcción de una base material-concreta simulada en la que se basa un fortalecimiento o debilitamiento de determinado imaginario ideal-simbólico. Así, volviendo mi atención a la radio, muchas personas suelen quejarse de que se ha perdido la costumbre de escuchar tango, folklore u otras especies musicales, pues piensan que los jóvenes no se sienten atraídos más que por la música que usualmente transmiten las radios “de moda”. Esta creencia se basa en la simple e inmediata escucha de las mismas. En mi opinión se trata de una hiperrealidad, ya que me sorprende la cantidad de jóvenes que se oponen al sobreénfasis dado por esas emisoras a determinados tipos de música sobre otros, elección detrás de la cual se encubre una ideología que se quiere transferir. Además, me parece pertinente considerar que quienes escuchan una radio o miran un canal de televisión, caso de los presentes en el local y otros innumerables y cotidianos casos, forman un grupo heterogéneo en edades e inserciones sociales. Siguiendo con este tema, otro ejemplo de “hiperrealidad” respecto a los jóvenes es la opinión de que éstos toman bebidas alcohólicas en gran cantidad, lo que ha sido alimentado, entre otras cosas, por la “genial” idea de utilizar el número de botellas de cerveza vendidas durante un conocido festival de rock (que lleva el nombre de una marca de cerveza) a modo de publicidad. Por supuesto, se trataba de una cantidad enorme, pero al ser desligada del número de personas que asistieron al evento (que, por otra parte, no eran sólo jóvenes), del “número de bocas que tomaron”, produce la imagen de “juventud alcohólica” que muchos tienen. Pienso que simplemente observando a los clientes del bar (de variable edad, como ya comenté), mirando lo que beben, nos damos cuenta de que se trata de un fenómeno que se da en toda la sociedad y no sólo en una franja etaria específica. Es decir que, a pesar de que los encuentros de la vida cotidiana se dan entre personas de características bastante diferentes (entre las que se encuentra la edad), se tiende a generalizar y a no razonar que incluso esa categoría de “jóvenes” oculta en sí misma gran diversidad.
La cuarta realidad descripta por Bayce (después de la material-concreta, la ideal-simbólica y la hiperrealidad), a saber: la virtual, “no es más que un paso adelante en la simulación de realidades que la humanidad ha desarrollado desde siempre (arte y ficción incluidas). (…) no debe asustar a nadie, salvo si contribuye a la generación de hiperrealidad” .
A excepción de la música, no pude ver ninguna pintura ni fotografía que pudiera remitirme a esta cuarta clasificación de realidades. Y lo reconozco porque, quizás, si fuera especialista en arte, hubiera notado algún detalle. Así, intento seguir a von Foerster en ese ejemplo de disfunción de segundo orden en que “no puedes ver lo que no puedes explicar.” Esto me trae varios recuerdos referidos a la observación y al registro. En primer lugar, un registro personal que me llamó la atención: la pareja de chicas junto a la pared a la izquierda de la puerta que da a Tristán Narvaja conversó largo y tendido, escuchaba sus voces y veía sus gestos pero su conversación me era incomprensible. La única frase que pude escuchar de la boca de una de ellas, en un momento en que ni ella subió la voz ni el ruido-ambiente disminuyó, fue “fantasía inconsciente”. En segundo lugar recuerdo que, en el momento de reunirnos para re-escribir entre todos la observación grupal, un compañero dijo, refiriéndose al hecho de que había registrado que una pareja de jóvenes estudiaba el test de Rorschach, que se había dado cuenta porque había visto las láminas que aquel dúo tenía sobre la mesa. Entonces, si no fuéramos estudiantes de Psicología ¿habríamos sido capaces de realizar los registros a que aludí? A partir de esto, no puedo si quiera imaginar la inmensidad de hechos que fuimos- y somos- incapaces de percibir.
Asimismo (y volviendo, cual rizoma, a tocar el punto), a la hora de transmitir, de describir y problematizar, por ejemplo, lo cotidiano, utilizo el lenguaje. Lenguaje que, al decir de von Foerster, plantea ciertos peligros. Uno de ellos “es la confusión que nos lleva a suponer que el lenguaje es predominantemente denotativo” cuando muchos psicolingüistas plantean que es connotativo. En otras palabras, el lenguaje no señala sino que apela a conceptos que cada uno de nosotros tiene internalizados, “contando con que nos apoyamos en nociones recíprocamente compartidas respecto de ese referente particular.” Aunque contamos con ello, no creo que siempre sea así y es por eso que, seguramente, el texto que cada uno de ustedes lea será diferente del que yo estoy escribiendo y del que otro leerá. “La Tortuguita” que yo viví ahí y entonces, y todo lo que me llevó a revivir y plasmar aquí, no es igual a aquello que ustedes puedan percibir, allá y después, leyendo estas líneas.
Ahora me pregunto cómo terminar, pues siento que en estas líneas han quedado muchos “cabos sueltos”. La vida cotidiana, como cuerda continua, como multiplicidad de encuentros dentro de encuentros (como pizza, risas y grapa miel), al ser cortada transversalmente para ser analizada, se divide en tantos cabos (que a su vez se subdividen en infinitos hilos), en tantos micro-encuentros, que me parece imposible atar todos y cada uno de ellos a un análisis profundo de significado (o a análisis profundos de significados). Y aquí termino preguntándome porqué terminar, si la cotidianeidad -como aquí y ahora de la vida- continúa y podríamos seguir acercándonos asintóticamente a análisis posibles… La respuesta es obvia y simple: hay que entregar este trabajo (¡y justo un martes 13!).

servido por autopoiesis 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

maluquenia

maluquenia dijo

Así se inicia la parte "académica" de mi blog (que posiblemente conste sólo de este artículo)pues quiero compartir producciones escritas desde mi ámbito de estudio que me gustaron y de las cuales estoy medianamente orgullosa (a pesar de la nota recibida, en este caso 6 en 12, lo que me pareció una amarretiada por parte de la docente cogotuda)... En fin, al que no le cuelgue que no lo lea (punto)

(igual nadie me lee SNIF)

2 Agosto 2006 | 07:07 PM

maga

maga dijo

Hola muchachos. Seré sincera. La descripción de su trabajo me pareció demasiado denso y fuera de foco. Subjetividad pura, que no lleva a ninguna parte. En todo caso, son solo descripciones de este tipo, no le veo la utilidad. En fin, lo que veo encomiable que un grupo de estudiantes se junten para hacer algo como pininos dentro de la profesión, eso si.. Saludos y animo

2 Agosto 2006 | 07:27 PM

maluquenia

maluquenia dijo

Denso y fuera de foco? gracias querida, la cuestión es que era lo que nos pedían y te digo a vos y a todos: LO IMPORTANTE ES EL ANÁLISIS INDIVIDUAL (y eso era lo que calificaban y con lo que estoy re chupada)
Gracias por visitarme igual pero leé lo demás que me gusta mucho más

2 Agosto 2006 | 07:32 PM

JacK CroW

JacK CroW dijo

Hola, te agradezco la visita al blog, quiero compartir contigo este video...

http://www.lacoctelera.com/ano_nimo/post/2006/07/14/spin-double-e...-

Y coloque un post,que habla algo de lo que tu publicaste aqui, estoy leyendo lo que publicas, interesante.

Recibe Saludos desde Monterrey Mexico
(espero no te moleste te agregue a mi lista de amigos)

4 Agosto 2006 | 11:42 PM

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soy un conjunto de meses, días, segundos; que no se repiten, pero a veces tampoco cambian. Soy una inseguridad con piernas (no muy atractivas, por cierto)... y he dejado un trozo de mi alma al desnudo, pero prefiero no dar explicaciones

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